La romántica Praça de las Flores es uno de los rincones más tranquilos de Lisboa. Mantiene la tranquilidad de siempre, y su minúsculo tamaño es una invitación para que te sientes en sus bancos a la sombra de los árboles que rodean la pequeña fuente, plátanos, tilos y magnolios, y te abstraigas del bullicio que corre por las principales calles del barrio de Príncipe Real.
Su antiguo kiosco, con sillas y mesas pintadas en tonos lila, es sinónimo de prensa y café o cerveza al final del día cuando la luz comienza a escasear.

Plza. das Flores alejada de arterias bulliciosas
Su excelente ubicación, te permitirá descubrir las callejuelas que a modo de nervaduras unen el Barrio Alto con el de Príncipe Real y el barrio de São Bento. Casas decadentes con fachadas cubiertas de azulejos, otras de colores luminosos, unas restauradas y otras no, escalones irregulares, calles muy cuesta abajo o muy cuesta arriba, según vayas.

Un paseo inolvidable con tiendas vintage
Cafés con encanto, mercerías antiguas, tiendas de libros vintage, o comercios congelados en el tiempo que parecen sacadas de algún libro de Fernando Pessoa, calles donde sentirás que aquí la vida transcurre muy despacio, y de donde no te querrás marchar.

En los alrededores entre casas coloristas hay pequeñas terrazas y cafés, como “Pão de Canela” Cafetería-Pastelería, que sirve café con los que según muchos son los mejores scones fuera de Inglaterra (ahora tan de moda). El cercano “Cantinho Lusitano” (R. dos Prazeres, 52) es otra opción.

Caminando por el Barrio de San Bento
Bajando por la Rua Nova da Piedade llegas al Palacio de São Bento (un edificio de estilo neoclásico que es sede del Parlamento Portugués) no sin antes pasar por la heladería italiana “Nannarella”, que desde 2013 lleva haciendo cremosos helados de una consistencia firme que no se derriten fácilmente. Hechos “alla romana” con recetas tradicionales y de forma artesanal. Aquí pagas la cantidad de helado/el tamaño del vaso o del cono, no el número de sabores.

Sigue tu paseo hasta el poco conocido Casa Museo Amália Rodrigues, la fadista más grande que ha dado este país. Fue durante medio siglo la casa de la cantante, y convertida en museo tras su fallecimiento. Guarda recuerdos de sus viajes y objetos curiosos, como una guitarra del siglo XIX y personales como zapatos y joyas. Todo se encuentra expuesto y conservado como si la dueña viviera aún. (R. de São Bento 193 – martes a domingo de 10.00-18.00)

Y si eres un apasionado de las tiendas de antigüedades de toda índole o un poco “vintage”, camina hasta el cruce con la R. de São Bento, donde están agrupadas la gran mayoría de ellas. Un paseo por aquí se hace muy ameno curioseando entre sus tiendas, y seguro que sales con algo entre sus brazos, ya que hay piezas para todos los bolsillos.

!Te recomiendo perderte por sus calles!

Que bella es Lisboa,preciosa y bella
Es que posiblemente sea de las plazas más auténticas de esta bellísima ciudad. Desde luego, una de mis favoritas! Un saludo y gracias por seguirme.