La carretera nacional que recorre la costa de Comporta y que conecta las principales playas de la zona es la N261-1. Ofrece vistas panorámicas de la costa y el interior, con tramos que atraviesan zonas de pinar y dunas. Desde ella salen caminos o carreteras secundarias que llevan directamente a los aparcamientos de las diferentes playas. El trafico puede ser más intenso durante la temporada alta de veraneo, en especial los accesos a las playas más populares.

Playa de Comporta, la más Septentrional
Comenzamos en Comporta, la más conocida y cabecera de comarca, al sur de la estrecha lengua de 18km de arena que constituye la península de Tróia. Es una extensión de arena blanca, preservada por las dunas que la rodean y los arrozales que se encuentran al otro lado de la carretera. La playa cuenta en verano con socorrista, tumbonas y sombrillas. «Ilha do Arroz» asentado en medio de playa es el lugar perfecto para disfrutar de buena comida con vistas al mar. Su oferta se basa en productos frescos del mar, y también en los platos tradicionales portugueses con un toque moderno.

Más allá de sus hermosas playas, Comporta se ha convertido en un destino de moda que alberga una cuidada selección de boutiques y tiendas de diseño, reflejando una estética «craftcore» (lo del «boho-chic» se lleva menos). Tanto en moda, como en accesorios, interiorismo y artículos para el hogar, se ven piezas con un enfoque artesanal y sostenible, donde priman la sencillez, el «feito à mão» (hecho a mano) las fibras naturales, la madera, materiales orgánicos (cañas y fibras naturales) y los tonos tierra. «Lavanda», «Côté Sud», «Briffa» y «Caju» con su mezcla de muebles, prendas, accesorios y textiles son algunas de las direcciones de la zona para cuando vayas.

Playa dos Brejos, Arenal Virgen
Continuando hacia el sur, llegamos a la poco frecuentada playa de Brejos. El acceso es a pie o en bicicleta, atravesando los arrozales que se extienden entre Comporta y Carvalhal. Si vas en coche por la N261, tendrás que aparcar junto a la cafetería «Ti Glória» (lugar sencillo con buen pescado a la parrilla). Es un paseo largo, pero agradable si se evitan las horas más calurosas del día. Recuerda llevar repelente de mosquitos. Es absolutamente imprescindible. No hay bares en Brejos, así que si vas allí, lleva una cesta de picnic. Incluso en los meses de verano está vacía.

La Pintona Playa de Carvalhal
La siguiente es la playa de Carvalhal dotada de infraestructura de servicios. Por aquí verás mucho estampado tie-dye de Alberta Ferretti y el Dior Book Tote. Dispone de servicio de alquiler de tumbonas y sombrillas durante la temporada de verano. En el «Sublime Comporta Beach Club», puedes tomar sobre todo pescados a la brasa, ostras, almejas Bulhão Pato y platos con sabor mediterráneo. Cuenta con parking público y vigilado por 4,25€.

La Inmensa Playa de Pego
La kilométrica playa de Pego ofrece un paisaje salvaje de arena fina y blanca. Protegida por un pinar, se la considera una de las playas más hermosas de Europa por sus dunas, su arena dorada y aguas limpias.

Su reputación creció cuando la revista «Condé Nast Traveler» nombró al restaurante SAL uno de los diez mejores restaurantes de playa del mundo. Es perfecta para nadar, surfear, hacer bodyboard y kitesurf. Cuenta con socorrista y tumbonas y sombrillas de alquiler durante el verano. Cuenta con parking público y vigilado por 4,25€.

En el polo opuesto de la playa se encuentra el recién estrenado «JNcQUOI Beach Club» que busca elevar la gastronomía nacional a un nuevo nivel, donde el pescado y el marisco fresco son los grandes protagonistas. El local está capitaneado por el chef Jerónimo Ferreira, que ha pasado por espacios tan prestigiosos como el Hotel Quinta do Lago, los Hoteles Ritz de Londres y Lisboa y el Four Seasons en Milán. Ah, y si buscas una experiencia indulgente, en la playa te espera un servicio de tumbonas y balinesas, a la vez que disfrutas de un cóctel.

Siguiendo por la costa llegamos a las playas de Raposa y Pinheirinho, de difícil acceso y sin infraestructura. Para llegar aquí debes seguir la N261 que cruza de Carvalhal hacia Melides, pasar la prisión de Pinheiro da Cruz, encontrar una salida a la derecha que da acceso a «Herdade do Pinheirinho», a donde llegas a una zona abierta donde se puede aparcar y luego cruzar el bosque a pie. Para recorrer las pistas arenosas de acceso, se recomienda un vehículo adecuado para terrenos difíciles. Y por supuesto, no te olvides del repelente de mosquitos.

Playa de Galé-Fontainhas, una Belleza Distinta

A estas playas se accede desde un pequeño aparcamiento cerca del camping Galé, siguiendo un camino junto a su valla y descendiendo por una escalera de madera. Lo que distingue a esta playa son sus dunas y sus impresionantes acantilados de arenisca roja. Estos acantilados, paralelos a la costa, exhiben extraordinarias formas fósiles de casi cinco millones de años. Aunque ya no están expuestos a la acción directa del mar, el viento, la lluvia y los cambios de temperatura continúan esculpiendo formas únicas y peculiares en esta costa. El resultado es un paisaje espectacular que combina la belleza natural de la playa con el interés geológico e histórico de los acantilados fósiles, creando una vista verdaderamente impresionante.

Carrasqueira, Arquitectura Marítima Tradicional Portuguesa
Nos alejamos un poco de la linea de costa y nos adentramos en un paisaje más rural, caracterizado por sus llanuras y campos agrícolas (especialmente de arroz). Estamos en el puerto de Carrasqueira, en el estuario del Sado que desemboca en el Océano Atlántico entre pantanos, pinos y alcornocales, y uno de los atractivos más singulares de la zona. El puerto se construyó entre 1950-60 sobre pilotes de madera que se elevan sobre el agua, creando una red de pasarelas ensambladas a mano junto con embarcaderos para los pequeños barcos pesqueros que llegan cuando la marea está alta.

Aunque de apariencia frágil, esta estructura única se adapta a las mareas cambiantes del estuario del río. La aldea mantiene viva las tradiciones pesqueras artesanales, y los pescadores utilizan este puerto para amarrar sus botes y desembarcar sus capturas diarias. Carrasqueira se ha convertido en un destino popular para fotógrafos y turistas que buscan captar la belleza rústica y la atmósfera auténtica del lugar.

Es posible que en tu visita encuentres a pescadores vendiendo almejas u otro marisco a precios más atractivos que en el mercado o restaurante. También es un área importante para la observación de aves acuáticas y migratorias (garzas blancas, ibis negros, cormoranes).
La aldea es famosa por la calle de bares y restaurantes sencillos donde tomar el famoso «arroz de lingueirão» (navajas.) como «Retiro do Pescador» y «O Rola» Y, en la cercana aldea de Possanco, «O Mário» está especializado en comida portuguesa y pescados, sin olvidar los helados de «Gulato» heladería oficial de Comporta. Con sede en Lisboa, este laboratorio ofrece más de 100 sabores que evocan vacaciones.

El Alma de Gâmbia y Biscainho, está en las Ostras
Continuamos en el estuario del Sado, esta vez en los puertos palafíticos de Gâmbia y Biscainho cerca de Carrasqueira. Durante muchas décadas, la sal fue uno de los principales pilares de la economía setubalense. Se utilizaba para conservar alimentos, como pescados y carne (bacalao sobre todo), en la industria del curtido (famoso en Alcácer do Sal por producir arreos de cuero) y en la producción del vidrio.
En sus mejores momentos, solo en en el puntal de Gâmbia había más de 20 salinas, cerrando la última en 2012. Hoy, la mayoría se han reconvertido en piscifactorías de acuicultura y ostricultura. Las ostras se venden en el Mercado de Livramento (Av. Luisa Todi, 163), en el Mercado de Nossa Senhora da Conceiçao o en el foodtruck «Ostras sobre Rodas» (Av. José Mourinho, 122 ), todos en Setúbal.

Sal, Río y Castillo: El Tríptico de Alcácer do Sal
La expansión de los arrozales llega hasta la cercana Alcácer do Sal, ubicado a orillas del Sado. La producción de sal se remonta a la época romana, cuando la ciudad era conocida como Salacia. Ya desde la época de los fenicios, la sal de Alcácer do Sal fue un producto muy valorado y comercializado, contribuyendo al desarrollo económico de la comarca y estableciendo rutas comerciales con otras partes de Europa.

Además de su importancia histórica en la producción de sal, Alcácer do Sal ofrece una rica herencia cultural y arquitectónica. El casco antiguo de la ciudad es pintoresco, con calles estrechas típicas de los asentamientos medievales. Predominan las casas blancas tradicionales portuguesas, muchas de ellas con azulejos decorativos en las fachadas. Su castillo en lo alto de la colina dominando el paisaje urbano, merece una visita. Cuenta con una cripta arqueológica, con algunas piezas de más de 2.700 años de antigüedad.

Si te pilla la hora de comer, cualquiera de los restaurantes pegados al río, son perfecto para los que van sin pretensiones y buscan cocina tradicional, donde bordan el choco frito y el arroz malandrinho, o un contundente arroz de marisco.


Lo que se ha dado en llamar » lujo silencioso».