Muchos veraneantes se quedan en Lisboa y Oporto —magníficas, sí, pero también las más masificadas—. El Centro de Portugal y la Costa de Plata guardan otro Portugal: más auténtico, tranquilo, y con localidades pequeñas de enorme patrimonio. Alcobaça, cuna de uno de los monasterios góticos más importantes de Europa; Tomar, bastión templario desde 1160 con su imponente Convento de Cristo; Batalha, que conmemora con arquitectura gótica sobrecogedora la independencia frente a Castilla; y Coimbra, con su universidad milenaria.
Entre todas ellas, Caldas da Rainha merece capítulo aparte. En pleno corazón de la Región Oeste, a minutos de las playas de la Costa de Plata y de la Laguna de Óbidos, combina patrimonio termal e histórico con una identidad artística única, forjada por su célebre tradición cerámica.

Caldas da Rainha: nacida del agua
Cuenta la leyenda que en 1484, camino de Batalha, la reina Doña Leonor de Avis se topó con personas bañándose en aguas humeantes que, según le explicaron, curaban sus dolencias gracias a sus propiedades curativas. De ahí nace el nombre de la ciudad: «las aguas termales de la reina». Un año después, en 1485, mandó construir un hospital termal en ese mismo lugar, origen de la vocación termal de Caldas da Rainha. Hoy el hospital sigue ofreciendo tratamientos para vías respiratorias y problemas musculoesqueléticos, a los que se han sumado rituales de spa y programas de bienestar



Forjada en barro
Caldas es también sinónimo de cerámica. El nombre clave es Rafael Bordallo Pinheiro, que instaló su Fábrica de Faianças das Caldas da Rainha en 1884 —no por azar: la ciudad ya tenía tradición alfarera consolidada, favorecida por suelos ricos en arcilla y por la demanda de vasijas y recipientes vidriados del propio Hospital Termal. Bordallo no inventó la cerámica caldense, la elevó a arte: inspirado en la naturaleza y la vida cotidiana portuguesa (golondrinas, ranas, flores, coles, calabazas), y creó al Zé Povinho, la figura que encarna al pueblo portugués. Su legado convirtió a Caldas en referencia internacional de la cerámica.



Qué ver en Caldas da Raina
Praça da Fruta: el corazón vivo de Caldas da Rainha
Oficialmente es la Praça da República, pero todos la llaman Praça da Fruta: desde el siglo XV acoge cada mañana el único mercado diario al aire libre de Portugal celebrado sin interrupción en el mismo lugar. Según la leyenda, fue la reina Dona Leonor quien cedió este espacio a los productores locales.

La plaza es también un muestrario arquitectónico: la Junta de Freguesia (XVIII), es uno de los dos únicos Inmuebles de Interés Público de la plaza, junto con la Capela de São Sebastião, con azulejos del XVIII. A escasos metros, el edificio turquesa de dos torreones gemelos —con la Farmácia Central en sus bajos— ejemplifica la arquitectura burguesa del XIX-XX, cuando el turismo termal trajo dinero nuevo.



También están la antigua Nova Padaria Taboense (nº9), con azulejo «verde das Caldas» firmado por Bordallo Pinheiro, hoy a la espera de restauración; y el histórico Café Central, un concurrido punto de encuentro de estilo art decó, que da paso a la Rua da Liberdade, la calle de los paraguas de colores. La plaza queda a un paso del Parque Dom Carlos I, pulmón verde de la ciudad, al que se llega precisamente a través de esta calle.

Parque Dom Carlos I: el jardín que vivió la época dorada de Caldas
Nació a finales del XVIII como jardín barroco para pacientes del Hospital Termal; en el XIX se rediseñó, sentando las bases del parque actual. La llegada del ferrocarril en 1887 conectó la villa termal con el resto del país, trayendo aristocracia, burguesía e incluso a la familia real, que convirtieron Caldas en destino de moda para «tomar las aguas». El Hospital Termal se amplió con un tercer piso, y el jardín vivió su gran transformación en el parque romántico que hoy conocemos —lago artificial, alamedas arboladas y templete de música—, pensado ya no solo para curarse, sino también para el ocio: tenis de tierra batida, croquet y paseos en barca. La villa entró así de lleno en los circuitos turísticos internacionales, viviendo su época dorada entre finales del XIX y principios del XX.

De esa etapa data el edificio de los Pavilhões do Parque, pensado como ampliación del Hospital Termal para los pacientes termales. Las obras se interrumpieron con la muerte repentina de su arquitecto en 1896, y nunca cumplió su función. Durante más de un siglo tuvo usos diversos —refugio de Boers en la Gran Guerra y de judios durante la IIGM, cuartel militar, comisaría, biblioteca, instituto, hasta su abandono total en 2005. Desde 2017 hay un proyecto de hotel 5 estrellas, aún sin arrancar.

Hoy, el Parque Dom Carlos I reparte por su área diversos trabajos de escultura, y desde aquí se accede también al Museo José Malhoa, del mismo siglo, con importantes colecciones de arte portugués centradas en el naturalismo, el realismo y, sobre todo, en la obra del propio pintor.


Patrimonio esencial de Caldas da Rainha
Lugares imprescindibles:
- Igreja do Pópulo — Capilla del Hospital Termal, de origen manuelino (siglo XV), vinculada a la fundación de la ciudad por la reina Dona Leonor. Recubierta en el XVIII con azulejos de Policarpo de Oliveira Bernardes, maestro del azulejo barroco portugués.
- Capela de São Sebastião — Del siglo XVI, junto a la Praça da República. Fachada discreta, pero con magníficos paneles de azulejo del XVIII en su interior. Uno de los dos únicos Inmuebles de Interés Público de la plaza, junto con la Junta de Freguesia.
- Chafariz das Cinco Bicas — (Fuente de los cinco caños) Barroca (XVIII), la más importante de las tres que mandó construir el rey D. João V quien frecuentaba las aguas termales y también renovó el Hospital Termal.
- Museu José Malhoa — dedicado a José Malhoa y al «Grupo do Leão»; su Sección de Cerámica guarda 60 esculturas de terracota a tamaño natural de la Paixão (Pasión) de Cristo.
- Museu da Cerâmica — en el Palácio Visconde de Sacavém; evolución de la cerámica local y legado de Bordallo Pinheiro y otros.
- Museu do Ciclismo — Rua de Camões, en un edificio de Arte Nova. Inaugurado en 1999, reúne documentos desde 1901, camisetas, bicicletas y recuerdos de la Volta a Portugal; entrada gratuita.
- Museu do Hospital e das Caldas — dentro del Hospital Termal. El ticket entrada incluye Piscina da Rainha, Igreja do Pópulo y Capela de São Sebastião. Horario: martes-sábado y festivos 10:00-12:30 y 14:00-17:00h; domingos 9:00-12:00h; cerrado lunes. Entrada 3€ (1,50€ jubilados/gratis menores de 14).

La Rota Bordaliana: cuando la cerámica sale a la calle
Creada en 2015 en homenaje a Bordallo Pinheiro, la Rota Bordaliana reúne 20 figuras de cerámica a escala gigante —entre ellas el Zé Povinho, el gato al acecho y la col monumental— repartidas desde la estación (con su rana monumental) hasta la propia fábrica, pasando por el parque, el Hospital Termal y la Praça da Fruta. Sin planificación ni entrada: las piezas aparecen por sorpresa entre azulejos y jardines.

Feira de Velharias: el mercadillo mensual de Caldas
El segundo domingo de cada mes, el Parque Dom Carlos I se llena de vida con la tradicional Feira de Velharias: un mercadillo de antigüedades, objetos vintage, piezas de colección y curiosidades únicas, abierto de 09:00 a 17:00 h. Es una cita imprescindible tanto para caldenses como para visitantes, y el complemento perfecto para una visita al parque entre paseos junto al lago y los pavos reales.

La ruta dulce de Caldas da Rainha. Dulces típicos que hay que conocer
Su repostería, heredera de siglos de tradición conventual y termal, destaca por especialidades como la cavaca, símbolo indiscutible de la ciudad, las trouxas de ovos o el pastel de feijão.
La Cavaca es un bollo esponjoso bañado en azúcar y limón, con su versión mini en el Beijinho das Caldas.

Las Trouxas de Ovos —rollos de yema de huevo y azúcar bañados en almíbar, de origen incierto aunque ya mencionadas por Eça de Queiroz a finales del XIX en su novela» La Reliquia»— eran tradicionalmente un postre reservado a ocasiones especiales.

Y aunque no nace en Caldas sino en la vecina Torres edras, el Pastel de Feijão —de origen conventual, elaborado con puré de alubia blanca, almendra, yema y azúcar— es también un habitual de la confitería caldense, por ser una especialidad de toda la región Oeste. Por fuera, tiene una capa fina y crujiente, casi translúcida; por dentro, un relleno húmedo de almendra triturada y judía blanca. Predomina el sabor a almendra, equilibrado por la dulzura del «feijão» —una combinación tan inesperada como lo que lo hace inconfundible: nadie espera que la alubia blanca pueda saber tan bien en un dulce. Tiene Indicación Geográfica Protegida(IGP) que no es solo un sello de calidad: es una garantía de autenticidad, y también una forma de mantener viva una tradición culinaria que es, al fin y al cabo, la identidad de la región.

¿Dónde comprarlos?
Baia, O Rei das Cavacas (Rua da Liberdade, 33 frente al Hospital Termal); Pastelaria Dona Leonor (Rua de Camões, 23), Café Central (Plaza República) y la propia Praça da Fruta, donde tradicionalmente se vendían desde los puestos del mercado.
Dónde comer
En cuanto a restaurantes están los clásicos (Ti’ Ascenção, Adega do Albertino, Solar dos Amigos), así que daré noticia de dos que no conocía, cerca de la Plaza de la Fruta , y que merece la pena probar.
En primer lugar «Maria dos Cacos», con un planteamiento muy práctico ya que ofrece variantes de su carta diferentes para los almuerzos y las cenas. Carta corta pero interesantes, en la que destacaría el Gallo San Pedro con arroz de berberechos y el Tataki de atun con puré de batata y esparragos a un precio asequible. (R. Gen. Queirós, 48 – T.351 914 128 223).


Por otra parte cabe destacar un Restaurante asiatico indo nepali «Kasthamandap» con una carta muy extensa, muy bien realizada y con un precio sorprendemente económico (R dos Herois da Grande Guerra, 40 – T. +351920833912).
Playas de Caldas da Rainha: Foz do Arelho y Salir do Porto
Caldas da Rainha no es solo azulejo y ceramica: también tiene playa, y de las buenas. Sus dos joyas costeras, la Praia da Foz do Arelho y la Praia de Salir do Porto, comparten algo poco habitual en Portugal —la mezcla perfecta entre el Atlántico abierto y la calma de un entorno lagunar— pero cada una lo vive a su manera.
Praia da Foz do Arelho: dos playas en una
Es, sin duda, la playa más famosa de la zona, y no es casualidad: aquí tienes dos experiencias distintas a pocos metros la una de la otra. Por un lado, la vertiente de la Laguna de Óbidos, de aguas tranquilas y templadas, perfecta para ir con niños o probar el paddle surf sin sustos. Por el otro, la cara salvaje: mar abierto, olas con carácter, imán de surfistas de toda la región. Y para rematar el día, una animada avenida marítima repleta de terrazas donde alargar la tarde con vistas al Atlántico.
Praia de Salir do Porto: la playa de la duna gigante
Junto a la bahía de São Martinho do Porto, esta playa esconde una sorpresa que quita el aliento: la duna de arena más alta de Portugal, con casi 50 metros de altura —tan imponente que llegó a considerarse la más grande de toda Europa, y hoy sigue siendo la segunda del continente tras la duna de Pilat (Arcachón). Al estar resguardada, sus aguas son mansas y llanas, ideales para el baño en familia sin preocupaciones. Y como broche final, el río Tornada con su playa fluvial, que desemboca justo aquí, completa un paisaje tan singular como fotogénico.


