Esos «palheiros» a rayas de Costa Nova me privan…

Playas y Dunas, un Espacio Protegido

Costa Nova do Prado, más conocida como «Costa Nova», está asentada sobre una lengua de tierra de unos 5 km. de largo, paralela a la costa de Aveiro. Se le llamó Costa Nova para diferenciarlo de Costa Velha, la playa de San Jacinto (hoy un precioso parque dunar protegido al que llegas por ferry o barco) al otro lado de la ría de Aveiro.

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Ría de Aveiro, con su canal de salida al océano, la playa de Barra a la derecha y la Reserva Natural de las Dunas de San Jacinto a la izquierda

Su formación fue debida a la sedimentación de arena aportada por los efectos combinados de las corrientes y el viento. Al este queda Aveiro y su gran ría de agua salada y al oeste el océano Atlántico.

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Si vas en ferry a Sao Jacinto, desde Forte da Barra el viaje dura 15 minutos (3€ persona – 5 € coche i/v)

Ayer almacenes de pescadores, hoy tendencia

Este terreno deshabitado, formado por dunas y matorrales, no sufrió ningún cambio hasta que en 1808 se abrió la barra de arena para crear un canal; momento en que pescadores y labradores del litoral de las proximidades comenzaron a poblar este paisaje y construir las primeras barracas “palheiros”.

En sus orígenes, los “palheiros”, eran espacios inicialmente amplios y sin divisiones interiores, que se utilizaban para almacenar apeos y redes de pesca, almacenaje de sal y “moliço” (plantas acuáticas) e incluso como cobertizo para  animales. Se levantaban elevados sobre el terreno sobre estacas, a modo de palafitos, para evitar la acumulación de arena de las dunas arrastradas por el viento.

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Casas de 1899 levantadas en sus orígenes sobre estacas de madera, y hoy cubiertas con terrazas

Concebidos como construcciones de apoyo, el material empleado eran tablones de madera rescatados de pequeños astilleros próximos y cañizo enfoscado con barro.

De una manera natural, los pescadores de los cercanos Ovar e Ilhavo adoptaron estas barracas como residencias eventuales el tiempo que duraba la temporada de pesca, tabicándose para crear estancias, creándose así un entorno urbano a lo largo de la costa.

Posteriormente, con la evolución hacia «Xávega» (tipo de pesca de arrastre), los «palheiros» pasaron a ser ocupados de forma permanente y con carácter más residencial.

Costa Nova, Lugar de Moda

El auge económico del siglo XIX hizo que esta zona comenzara a desarrollarse y cuando a mediados de siglo hace su aparición el turismo y se  pone de moda entre la burguesía el «ir de baños», los “palheiros” pierden su función original y cambian de propietarios, pasando a ser de otros que, con recursos económicos, viendo las potencialidades del entorno y su proximidad con Aveiro, contribuyeron a la evolución y desarrollo de Costa Nova como enclave turístico, convirtiendo estas casas en residencias estivales.

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Todo su paseo está lleno de alegres casas

Se rehabilitaron unas, se levantaron otras, y las fachadas de las casas se pintaron en atractivos colores aportando al paseo una nota de color, a semejanza de los decorados “moliçeiros” que se deslizaban por la ría en busca unas de “moliço”. Se abasteció a Costa Nova de agua y luz, se abrieron comercios y en 1873 llegó el highlife con el primer teatro para el entretenimiento de los veraneantes.

 

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Palheiro de época que se mantiene intacto, con su pequeña veranda y ventanas de guillotina

De aquellos originales “palheiros”, solo queda en pie el del parlamentario José Estevão (quien trajo el ferrocarril a Aveiro), lugar de encuentro de políticos y escritores de la época. El escritor Eça de Queiroz, autor de «El crimen del Padre Amaro», la frecuentaba al ser amigo de uno de los hijos, ya que pasaba temporadas en casa de sus abuelos paternos en Verdemilho, a tan solo 13 km de aquí.

Hoy cuando llegas a Costa Nova, lo que te llama la atención sin duda son sus coloridas casas que se extienden entre dunas entre el Atlántico y la apacible ría de Aveiro. Al este las pequeñas calles están formadas por pequeños edificios de apartamentos de dos o tres altura. A nivel de calle no hay vistas sobre el mar, pero puedes sentir su presencia más allá de esta franja dunar. Y al oeste, están las casas más representativas: Villas con jardines y la imagen de marca de la Ría de Aveiro, “palheiros” de madera, bien mantenidos y cuidados, que aportan colorido y alegría a este lugar.

Primera linea d palheiros que dan a la ría de Aveiro. Cortesía Ayto. Ilhavo

Primera linea de palheiros que dan a la ría de Aveiro. (Cortesía Ayto. Ilhavo)

El cambio al siglo XX trajo consigo la diversidad arquitectónica como se puede ver en las casas que aparecen en las fotos adjuntas, donde se observan criterios estilísticos, regionales y tipologías bien distintas.

  • Levantada sobre el suelo como un palheiro es la "Casa João Félix," 1966. !Maravilloso diseño! Arquitecto: Pedro Corujo Bernardes
  • Oficina de Turismo en Costa Nova, 1941. ¿Perfil de ola o lomo de ballena? Arquitecto: J. M. Sobreiro
  • También hay cabida para el neo-colonialismo
  • El Modernismo con sus formas ondulantes y sinuosas no podía faltar
  • Los primeros adosados junto al mar

Disfrute de la Playa

Costa Nova vive básicamente del turismo que nutre sus playas los días de verano, y de negocios relacionados con la mar (comercio marítimo, agencias de navegación, piscifactorías, congelados, salazón, etc…)

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Cuenta con dos grandes playas galardonadas con bandera azul, separadas por espigones de escollera, y comunicadas todas por unas pasarelas de madera que van sobre las dunas y permiten el paso de peatones del espacio urbano a la playa; respetando con ello la biodiversidad de la flora autóctona y fauna silvestre de este patrimonio natural.

 

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Pasarela de acceso a la playa para preservar las dunas

Disponen de todos los servicios propios de una playa urbana (chiringuitos, duchas y wc,). Barra con un impresionante faro de 65 m de alto, y considerado uno de los 26 más altos del mundo, formada por construcciones modernas de apartamentos y restaurantes.

La playa más cerca del espigón (Praia do Farol) al contar con aguas más mansas, está más indicada para la chiquillería. La segunda es Costa Nova, próxima a la avenida José Estevão, más abierta y sin vigilancia a medida que te alejas de las zonas pobladas.

En general, las playas son de fuerte oleaje y el viento suele soplar fuerte. Sin duda alguna recomiendo llevar un paravientos, solución que te permite estar resguardado y protegido del viento.

Los encuentras en cualquier tienda de artículos de playa. ¡Solo de esta manera podrás permanecer en la playa cómodamente!

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Soleado día de playa

La parte de la ría con su Club de Vela, tiene una escuela para la práctica de cualquier deporte relacionado con el viento, y organiza regatas en distintas modalidades.

 

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Club de Vela en la ría de Aveiro

 

Terraza del Restaurante "Canastra do Fidalgo"

Terraza del Restaurante «Canastra do Fidalgo»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gastro., Shopping

Lugares para comer hay de todo tipo y precio, y en casi todos «peixe fresco grelhado» (pescado a la brasa). Los amantes del mariscos y del arroz de marisco que apunten este nombre: Canastra do Fidalgo, un local con una agradable terraza, que cuenta con un buen servicio, y donde todo el género es excelente.

 

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Pulpitos a la plancha

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si tienes ocasión, acércate al Mercado de Pescado (hacia la mitad de la avenida) que emplea a familias de pescadores, y donde tanto en fresco como en cocido encontrarás marisco de la zona: Ostras, percebes, buey de mar, langostinos y por supuesto bacalao, pulpo, pez espada, etc.

En las proximidades, tiendas de cerámica popular portuguesa se exponen a pie de calle, tiendas de souvenirs y pastelerías, hacen de este lugar un espacio muy concurrido.

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Cerámica local

Con el estómago lleno, no es mala idea recorrer de punta a punta el margen de la ría, mientras saboreas unas tripas, el dulce tradicional autóctono de aquí. Las clásicas son de crema de yema dulce (con relleno de «ovo mole», el dulce de Aveiro) envuelta en una crepe, pero también las hay con nata, chocolate, etc…¡Excuso decirte como está!

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Tripas   © Sean Salmon

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Recorriendo la Costa

Y si quieres conocer otras playas fuera de Costa Nova, enfila por la Av. José Estevão en dirección sur, y coge la carretera M592 donde bordeando la ría, llegarás hasta Vagueira, una pequeña localidad de verano, que cuenta también con una gran playa. Al final del paseo que recorre la playa y en dirección sur, se encuentra «Casablanca«, un lounge bar, desde el cual podrás disfrutar de sus vistas privilegiadas mientras saboreas una copa desde su terraza, o contemplar a los surfistas tomando olas en la playa salvaje llena de dunas de Areão.

 

Casablanca Lounge, Vagueira

Llegados a la hora de comer, nada como ir a la “Marisqueira da Vagueira” frente al jardín infantil. Los pescados, el marisco a la plancha protagonizan la carta, junto con la caldeirada de marisco. 

"Uno de los plato estrella de la casa es la calderada de marisco en Marisqueria da Vagueira"

Uno de los plato estrella de la casa es la calderada de marisco

Y seguimos recorriendo la Rota da Luz, descubriendo nuevos lugares. !!Hasta pronto!!

Calouste Gulbenkian, el Amor al Arte

Lisboa es fado, es el café de Pessoa, es el barrio de Alfama con su tranvía, pero también es museos. La ciudad cuenta con gran número de interesantes museos y éste, para los amantes de la historia y del arte, es uno de ellos.

 

El edificio, austero y sencillo, en hormigón con grandes ventanales, a la mejor manera de Mies van der Rohe

El Museo Calouste Gulbenkian en Lisboa, probablemente sea la colección privada de arte más importante de Europa, tanto en calidad como en cantidad. Aquí, como un viaje en el tiempo a las diferentes épocas, se exhiben más de  6.000 piezas, que van desde la más remota antigüedad hasta los principios del siglo xx.

El jardín de inspiración oriental con tres senderos diferentes, es muy apreciado en Lisboa. Diariamente acuden muchas personas en busca de tranquilidad

El artífice fue Calouste Gulbenkian nacido en Estambul en 1869, de una familia acomodada armenia originaria de Capadocia, que fue un pionero en la industria del petróleo en Oriente Medio tras la I Guerra Mundial. Su ojo para los negocios le permitió amasar una gran fortuna; de hecho era conocido como “Mr. 5%”, por ser la comisión que cobraba en sus negociaciones.

 

Grupo Escultórico «La Primavera». De Alfred Janniot. Piedra caliza ligeramente policromada (1919-1924)

«La Primavera» perteneció a Gabriel Voisin, diseñador de aviones y coches, inventor de los frenos ABS y del famoso Biscooter, un microcoche que se hizo popular en España. C Gulbenkian la adquirió en la casa de subastas Drouot (1939), y de allí pasó a decorar el jardín de su casa de campo cerca de Deauville, Normandía

Su mayor pasión fueron las obras de arte, colección que fue creando a lo largo de su vida, gracias a sus viajes, y a sus agentes que como águilas acechaban las casas de subastas, frecuentaban anticuarios, y sabían quién era aquel aficionado que necesitaba vender urgentemente una pieza.

Durante la II Guerra Mundial, en 1942, llegó a Lisboa, “sala de espera” para aquellos que aguardaban su embarque hacia los Estados Unidos. Aquí en el lujoso Hotel Aviz  ocupó con su familia toda una planta hasta el día de su muerte, 13 años después.

 

La cerámica otomana de Iznik, Anatolia (s. XVI), es un codiciado objeto de deseo al ser escasa su aparición en el mercado del arte. Este plato con un vistoso diseño decorado en estilo floral y ejecutado con pigmentos brillantes, fue adquirido por C Gulbenkian a la casa de subastas Christie’s, Londres (1898) al comienzo de su carrera como coleccionista

Las salas dedicadas al arte clásico y oriental, de las culturas mesopotámicas, egipcias, greco romanas e islámicas, tienen a mi modo de ver las piezas más impresionantes, como las colosales alfombras bordadas en hilo de seda, oro o plata, los azulejos Iznik otomanos, piezas de cerámicas persas, objetos laqueados chinos y japoneses.

Exclusiva colección de inros (XVIII-XIX), cajas tradicionales japonesas que servían para guardar objetos pequeños (como medicinas y hierbas), y llevar colgados del fajín del obi que carecía de bolsillos. Sus materiales eran piedras semipreciosas, metales nobles, marfil o piezas lacadas

 

Luminosos esmaltes en la «familia de los rosas» decoran estas cerámicas chinas manchú de la Dinastía Qing con animales y flores, donde destacan los crisantemos, símbolo taoísta de la simplicidad y la perfección

 

Perro Foo, Periodo Kangxi, Dinastía Qing, China (1700-1720). Míticos en la tradición budista, suelen verse en pareja en los umbrales de templos y palacios como protectores de edificios, rugiendo y con un aspecto diabólico para ahuyentar a los malos espíritus

La segunda parte, dedicada al arte europeo, comprende desde el periodo medieval hasta principios del siglo XX. La pintura ocupa un gran espacio pasando de la pintura del siglo XV, a las escuelas de pintura holandesa y flamenca, hasta llegar a la escuela de Barbizon. Aparte de eso hay mobiliario, orfebrería, marfiles, libros manuscritos ilustrados y esculturas por doquier.

 

Cesto de Rosas. Henri Fantin-Latour (1885). Latour realizó muchas composiciones florales, aprovechando las rosas que encontraba en el jardín de su casa de campo en Normandía, convirtiendo a estas en el motivo principal  de sus obras

Un lugar sorprendente es la pequeña sala dedicada a la obra del orfebre René Lalique, referente de la joyería francesa contemporánea y del que el matrimonio Gulbenkian eran grandes admiradores. Sus figuras de mujeres enigmáticas, motivos zoomorfos y vegetales combinados con ópalos y otros materiales semipreciosos como esmaltes, carey o nácar, fueron muy solicitadas entre la alta burguesía de la época, siempre a la búsqueda de piezas extraordinarias y novedosas.

Diadema «Cabeza de Gallo» (1897-1898) de René Lalique montada en oro y esmalte con una amatista en el pico. Pieza con cierta inspiración de los penachos mitológicos

Calouste Gulbenkian comenzó a adquirir obras de arte de una manera sistemática desde finales del siglo XIX hasta 1953. Antes de morir, este mecenas armenio que se enamoró de Lisboa, creó la fundación que lleva su nombre, legando sus bienes que él llamaba “su harén” al Estado portugués, como prueba de su gratitud por la acogida que tuvo, y que refleja su amor por la belleza y su curiosidad intelectual.

Diana de Houdon en mármol (1780). Perteneció a la colección privada de la emperatriz Catalina II de Rusia. C Gulbenkian la adquirió al Museo Hermitage en 1930