Estamos en el precioso Parque Natural de la Serra da Arrábida, nombre que proviene del árabe y significa «lugar de recogimiento y oración». El Parque está en un pequeño macizo montañosos de apenas 6 km de largo, cuyo punto más alto no sobrepasa los 500 metros.

Esta reserva natural de aproximadamente 10.800 Ha está situada a 50 km de Lisboa, y abarca desde Setúbal hasta Sesimbra. Los municipios de Palmela, con su castillo medieval entre las colinas, Setúbal con su bullicioso puerto, las bodegas de Azeitão y la marinera Sesimbra, sin olvidar el Cabo Espichel, forman una ruta deliciosa que recorrer.

Parajes naturales intactos
Sus dos vertientes presentan caras muy diferentes: La sur, cubierta por un bosque de alcornoques, pinos, cipreses y de matorrales como el laurel, jara y romero, termina en escarpados acantilados que se sumergen en un mar cristalino a veces de color verde esmeralda, y a veces de un azul intenso, con pequeñas playas idílicas de arena blanca apareciendo por aquí y allá. Se podría creer que estamos en Córcega. La zigzagueante carretera de la cornisa que te lleva por aquí, la Estrada de Escarpa (N379-I) ofrece magníficas vistas del mar, sobre todo al caer la tarde, cuando la luz acentúa los contrastes de colores.

Por otro lado, en el relieve más suave de la vertiente norte crecen olivos y vides que producen el famoso Moscatel y que te dirigen por la (N10-4) a Azeitão (Vila Nogueira y Vila Fresca) y a Palmela o por la (N10) si estás en Setúbal.
Antiguamente las dos vertientes de la sierra eran enteramente boscosas y repletas de caza. Hoy aún quedan algunos zorros y familias de jabalíes, que a veces bajan hasta la playa de Galapinhos para darse un chapuzón. En el siglo XVIII se derogó el decreto que reservaba a los nobles el derecho de caza, y se inició el desmonte de parte del macizo. Sólo se respetaron los establecimientos monásticos como el convento da Arrábida y la vertiente sur del macizo próxima al litoral. En el norte, de laderas suaves, la vegetación natural desapareció y fue sustituida por olivares y viñedos que desde entonces producen año tras año cosechas del magnífico vino dulce de Azeitão.

Su impresionante costa
Al norte de Setúbal se extiende la Serra, con playas perfectas de arenas blancas: Albarquel, Comenda Figueirinha, Galapos, Coelho, Galapinhos y Portinho da Arrábida. Al sur y al este está el estuario del río Sado, donde aparte de cultivar ostras, existen 200 especies de aves, y habita una colonia estable de delfines algo insólito en una bahía portuaria europea.

El arenal de Galapinhos fue nombrado por el portal European Greatest Destinations como una de las playas más bonitas de Europa en 2017. Se trata de una playa perfecta en un entorno natural intacto. Puede decirse que lo tiene todo: Agua cristalina y arena clara. Para preservar estas playas del turismo de masas, existen restricciones de tráfico y de aparcamiento. Hay que madrugar para aparcar en un parking no muy grande, a menos que llegues en bus a las playas, y es conveniente llevar algo de comida y bebida en función de la playa a la que vayas.

Acervo religioso en la Serra da Arrábida
La creación del Convento de la Serra da Arrábida se la debemos a João de Lencastre, 1er Duque de Aveiro, quien prometió a Fray Martinho, un fraile andaluz descalzo de la Orden de S Francisco, cumplir su deseo de vivir una vida eremítica y dedicada exclusivamente a la Virgen. Existen unas 25 grutas que fueron celdas de eremitas donde vivió la primera comunidad instalada en 1539, y otras 25 celdas en el Monasterio nuevo, construido en la ladera de la montaña en 1542.
El monasterio fue un importante centro de peregrinación a la vista de las capillas, cruceros y picotas desperdigadas por el mont, junto con cinco torres redondas que se usaban para la meditación. El complejo, oculto entre los árboles se eleva a 300 metros sobre el nivel del mar (acceso por la N379-I). Conserva algunos azulejos e imágenes muy interesantes de la época. Previa reserva, se puede visitar los miércoles, sábados y domingos. (Tel. +351 21 219 7620)

Otros ejemplos religiosos repartidos por la Serra son la iglesia gótica de San Lorenzo (Vila Nogueira de Azeitão), con ricos azulejos y pinturas alusivas a la vida del santo (calificado de inmueble de interés público). En el mismo pueblo, la iglesia de San Simón Azeitão, otra iglesia del siglo XVI completamente revestida de azulejos. Es muy solicitada por los locales para celebrar bautismos o bodas. Ah! Y sin olvidar el Santuario de Ntra Sra del Cabo Espichel, un lugar de culto mariano en un escenario natural monumental.
Destino deseado por la nobleza lusa
Durante los siglos XV al XVIII los nobles descubrieron Azeitao, bendecida por el clima y la naturaleza, de gran belleza y tranquilidad, con abundancia de caza y pesca. Pronto se llenó de palacetes y quintas blasonadas, verdaderos centros de placer donde pasaban largas temporadas. En sus frondosos bosques se esconden el Palacio de Calhariz, Quinta da Catralvos, Quinta das Baldrucas, Quinta das Torres o Quinta da Conceição, entre otros.

Más cercano en el tiempo, en el Palacio da Comenda, propiedad de los condes d’Armand, y alejada de la prensa y del mundo, se refugió en 1963 Jackie Kennedy, que buscaba una desconexión radical a la muerte de JFK. Hoy algunos palacios siguen siendo propiedad privada, unos se han reconvertido en hoteles y otros se alquilan para eventos.
Los viñedos en los alrededores de Palmela y Azeitao se erigen como reyes: Estamos en los dominios del rey Baco. El microclima de la región ha creado unas condiciones increíbles para algunos vinos y sobre todo para el Moscatel. Combínalo con queso de Azeitão y quedarás encantado.

Vila Fresca de Azeitão: Vino y artesanía
La ruta comienza en Vila Fresca de Azeitão en el Palacio-Quinta da Bacalhôa catalogada como Monumento Nacional. En una finca de 35 Ha se levanta esta quinta, enmarcada claramente dentro del renacimiento italiano.

Tras haber sido el pabellón de caza del rey Juan I en 1480, hoy pertenece al grupo grupo Bacalhôa-Vinhos de Portugal, uno de los mayores bodegueros lusos. Tiene logias, patios, estanques y jardines de boj para largos paseos al aire libre y una importantísima colección de azulejos del siglo XV.

A unos 500 m están los talleres de Azulejos de Azeitão, que utiliza métodos tradicionales europeos de fabricación de azulejos y reproduce diseños antiguos no sólo de países europeos sino también islámicos y chinos. De sus talleres salen preciosas piezas pintadas a mano y esmaltados con la técnica de cuerda seca, al estilo de los hispano-moriscos del siglo XV. A 1 km. de distancia, S. Simão Arte, de donde salen ejemplares de cerámica en forma de fuentes y platos, pero también de azulejos que decoran casas, iglesias y hoteles. En ambas se organizan previa reserva, visitas guiadas para conocer el proceso de fabricación.

Azulejos característicos del siglo XVII, del tipo “alfombra” en azul, blanco y amarillo con pequeños dibujos figurativos
Vila Nogueira de Azeitão y Palmela: Más bodegas
Nuestra siguiente parada es en Vila Nogueira de Azeitão, en la bodega de José Maria de Fonseca fundada en 1834, donde hacen su famoso vino Periquita y el Alambre (Moscatel fortificado con Brandy).
Ya en Palmela, Quinta do Piloto, otra empresa familiar heredera de la tradición vinícola, produce vinos increíbles y unos bombones de chocolate negro rellenos de Moscatel que son un verdadero escándalo. En ambas se realizan visitas y catas guiadas.


Productos Gastronómicos siempre presentes
La visita será redonda si pruebas la gastronomía local. Destaca sin duda la fabricación del queso de Azeitão, la carne de vacuno Mertolengo autóctona del sur de Portugal, el cultivo de la vid, la producción de miel, además de una amplia gama de vinos sobre todo de moscateles y dulces como las tortas de Azeitão y los «queijinhos de améndoa» (dulce a base de almendra de influencia árabe).

El queso de Azeitão DOP, es un queso de oveja cruda, cuajado con cardo. Su producción se remonta al siglo XIX, cuando un pastor originario de la región de la Beira Baja se estableció en Azeitão y trajo consigo sus ovejas bordaleiras. Se suele hacer en piezas de unos 250 gr. con una maduración de entre 40-60 días. Su textura mantecosa y ligeramente picante que le confieren los pastos de la Arrábida, recuerda a la Torta del Casar extremeña. También elaboran otros «queijinhos» de oveja curados y requesones que puedes catar y comprar en muchas tiendas locales.

En la Serra da Arrábida he encontrado el lugar perfecto para cargar las pilas y olvidarme de todo mientras recorría y visitaba todo lo que el entorno tiene para ofrecer. Es perfecta para una escapada costera, por sus bodegas centenarias, sus increíbles parajes naturales, y sus platos y dulces tradicionales.

Me ha encantado este post! Una maravilla de lugar y tan desconocido para mi ! Gracias por los detalles que incluyes en los contenidos que sin duda invitan a una vista!!