Calouste Gulbenkian, el Amor al Arte

Lisboa es fado, es el café de Pessoa, es el barrio de Alfama con su tranvía, pero también es museos. La ciudad cuenta con gran número de interesantes museos y éste, para los amantes de la historia y del arte, es uno de ellos.

 

El edificio, austero y sencillo, en hormigón con grandes ventanales, a la mejor manera de Mies van der Rohe

El Museo Calouste Gulbenkian en Lisboa, probablemente sea la colección privada de arte más importante de Europa, tanto en calidad como en cantidad. Aquí, como un viaje en el tiempo a las diferentes épocas, se exhiben más de  6.000 piezas, que van desde la más remota antigüedad hasta los principios del siglo xx.

El jardín de inspiración oriental con tres senderos diferentes, es muy apreciado en Lisboa. Diariamente acuden muchas personas en busca de tranquilidad

El artífice fue Calouste Gulbenkian nacido en Estambul en 1869, de una familia acomodada armenia originaria de Capadocia, que fue un pionero en la industria del petróleo en Oriente Medio tras la I Guerra Mundial. Su ojo para los negocios le permitió amasar una gran fortuna; de hecho era conocido como “Mr. 5%”, por ser la comisión que cobraba en sus negociaciones.

 

Grupo Escultórico «La Primavera». De Alfred Janniot. Piedra caliza ligeramente policromada (1919-1924)

«La Primavera» perteneció a Gabriel Voisin, diseñador de aviones y coches, inventor de los frenos ABS y del famoso Biscooter, un microcoche que se hizo popular en España. C Gulbenkian la adquirió en la casa de subastas Drouot (1939), y de allí pasó a decorar el jardín de su casa de campo cerca de Deauville, Normandía

Su mayor pasión fueron las obras de arte, colección que fue creando a lo largo de su vida, gracias a sus viajes, y a sus agentes que como águilas acechaban las casas de subastas, frecuentaban anticuarios, y sabían quién era aquel aficionado que necesitaba vender urgentemente una pieza.

Durante la II Guerra Mundial, en 1942, llegó a Lisboa, “sala de espera” para aquellos que aguardaban su embarque hacia los Estados Unidos. Aquí en el lujoso Hotel Aviz  ocupó con su familia toda una planta hasta el día de su muerte, 13 años después.

 

La cerámica otomana de Iznik, Anatolia (s. XVI), es un codiciado objeto de deseo al ser escasa su aparición en el mercado del arte. Este plato con un vistoso diseño decorado en estilo floral y ejecutado con pigmentos brillantes, fue adquirido por C Gulbenkian a la casa de subastas Christie’s, Londres (1898) al comienzo de su carrera como coleccionista

Las salas dedicadas al arte clásico y oriental, de las culturas mesopotámicas, egipcias, greco romanas e islámicas, tienen a mi modo de ver las piezas más impresionantes, como las colosales alfombras bordadas en hilo de seda, oro o plata, los azulejos Iznik otomanos, piezas de cerámicas persas, objetos laqueados chinos y japoneses.

Exclusiva colección de inros (XVIII-XIX), cajas tradicionales japonesas que servían para guardar objetos pequeños (como medicinas y hierbas), y llevar colgados del fajín del obi que carecía de bolsillos. Sus materiales eran piedras semipreciosas, metales nobles, marfil o piezas lacadas

 

Luminosos esmaltes en la «familia de los rosas» decoran estas cerámicas chinas manchú de la Dinastía Qing con animales y flores, donde destacan los crisantemos, símbolo taoísta de la simplicidad y la perfección

 

Perro Foo, Periodo Kangxi, Dinastía Qing, China (1700-1720). Míticos en la tradición budista, suelen verse en pareja en los umbrales de templos y palacios como protectores de edificios, rugiendo y con un aspecto diabólico para ahuyentar a los malos espíritus

La segunda parte, dedicada al arte europeo, comprende desde el periodo medieval hasta principios del siglo XX. La pintura ocupa un gran espacio pasando de la pintura del siglo XV, a las escuelas de pintura holandesa y flamenca, hasta llegar a la escuela de Barbizon. Aparte de eso hay mobiliario, orfebrería, marfiles, libros manuscritos ilustrados y esculturas por doquier.

 

Cesto de Rosas. Henri Fantin-Latour (1885). Latour realizó muchas composiciones florales, aprovechando las rosas que encontraba en el jardín de su casa de campo en Normandía, convirtiendo a estas en el motivo principal  de sus obras

Un lugar sorprendente es la pequeña sala dedicada a la obra del orfebre René Lalique, referente de la joyería francesa contemporánea y del que el matrimonio Gulbenkian eran grandes admiradores. Sus figuras de mujeres enigmáticas, motivos zoomorfos y vegetales combinados con ópalos y otros materiales semipreciosos como esmaltes, carey o nácar, fueron muy solicitadas entre la alta burguesía de la época, siempre a la búsqueda de piezas extraordinarias y novedosas.

Diadema «Cabeza de Gallo» (1897-1898) de René Lalique montada en oro y esmalte con una amatista en el pico. Pieza con cierta inspiración de los penachos mitológicos

Calouste Gulbenkian comenzó a adquirir obras de arte de una manera sistemática desde finales del siglo XIX hasta 1953. Antes de morir, este mecenas armenio que se enamoró de Lisboa, creó la fundación que lleva su nombre, legando sus bienes que él llamaba “su harén” al Estado portugués, como prueba de su gratitud por la acogida que tuvo, y que refleja su amor por la belleza y su curiosidad intelectual.

Diana de Houdon en mármol (1780). Perteneció a la colección privada de la emperatriz Catalina II de Rusia. C Gulbenkian la adquirió al Museo Hermitage en 1930

 

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