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Una ciudad nueva

La Baixa de Lisboa (la ciudad baja) es el corazón de la ciudad, entre Alfama y el Barrio Alto. Este barrio fue reedificado tras el terremoto de 1755, que causó más de 40.000 muertes y destruyó miles de edificios.

Lisboa fue reconstruida ordenadamente, con criterios de racionalidad según el espíritu ilustrado del Marqués de Pombal, Primer Ministro del Reino y antiguo diplomático con gran conocimiento de la economía europea.

Praca Comercio
El amarillo era el color que representaba a la monarquía en edificios palaciegos y administrativos. En 1908, con la república fueron rosas. Años más tarde, el amarillo a vuelto a la Plaza del Comercio para quedarse.

Para ello se demolieron los edificios afectados de la Baixa para evitar derrumbes, y para la reconstrucción se tomaron una serie de medidas en previsión de posibles terremotos. Se limitó la altura de los edificios a tres plantas, y arquitectos e ingenieros dispusieron un sistema de estructuras prefabricadas, elásticas y resistentes en forma de jaula, llamada la «gaiola». Las vigas de madera fueron importadas de Brasil y los clavos de Holanda. Todos los edificios fueron levantados sobre una piedra especial para dar mayor consistencia a los cimientos arenosos y garantizar posibles desplomes en caso de futuros seísmos.

El diseño de las fachadas fue uniforme, con ventanas de guillotina inglesa (una licencia tras su paso como embajador en el Reino Unido en la corte del rey Jorge II), con el mismo módulo de tamaño, y recubrimiento de azulejos. Todo un enfoque moderno de planificación urbana que fue admirado en toda Europa.

Iglesia_manuelina_en_la_baixa
Frente al Tajo la Iglesia de Nossa Senhora da Conceição Velha: El pórtico y dos ventanales sobrevivieron al terremoto. Su fachada, junto con los Jerónimos y la Torre de Belém, es una de las mejores estructuras manuelinas de Lisboa. Aquí rezaban los navegantes portugueses antes de emprender sus viajes

Urbanismo racionalista por la Baixa

Los arquitectos Santos y Mardel trazaron el plano de lo que sería la nueva “Praça do Comerço”, levantada sobre el antiguo Terreiro do Paço, el terreno que antes había ocupado el Palacio Real («Paço da Ribeira”) que resultó destruido por el seísmo. Tanto Mardel como el marqués de Pombal, masones y dados a lo esotérico, desarrollaron un diseño su diseño inspirado en sus creencias. La nueva plaza, un cuadrilátero abierto al estuario del Tajo, flanqueada por inmuebles porticados destinados a complejo administrativo, contó con unos soportales de 78 arcos (78 son las cartas del Tarot), con la cabeza del delfín sobre cada arcada, considerado un símbolo de la piedra filosofal.

Edificios_ministeriales_lisboetas
Durante décadas fue la plaza más importante de Lisboa para el comercio marítimo

Pombal creó aquí un centro representativo del poder comercial y civil del imperio portugués donde fueron ubicadas las sedes de las instituciones portuguesas más importantes (Ministerios, Correos, Aduanas, etc.) y que tuvo gran impacto, tanto por su diseño como la escala empleada para su época. Una estatua ecuestre del rey José I pone la guinda en el centro.

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Arco de la Rua Augusta. Desde su mirador se tienen unas vistas únicas de la ciudad

El Arco del Triunfo, en el norte de la Plaza del Comercio, conduce a la Rua Augusta, una de las principales zonas comerciales de La Baixa lisboeta. Fue diseñado para celebrar la recuperación de la ciudad tras el terremoto. Inmenso y fastuoso con esculturas que representan la gloria, el genio y el valor, y donde aparecen personajes históricos como Viriato, Vasco de Gama, Nuno Álvares Pereira y el Marqués de Pombal, como creador del proyecto.

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La concurrida Rua Augusta de solo 500 metros de longitud. Es característico su suelo bicolor de piedra caliza y de basalto que colocan los «calceteiros» sobre una base de arena

Su trazado hipodámico

Caminando por la animada Rua Augusta, no olvides buscar otra referencia masónica como el águila flamígera, en la esquina con la Rua de São Nicolau (sobre la pastelería «São Nicolau») maestra en pastéis de nata) símbolo del Ave Fénix que renace de las cenizas. Representa el renacimiento de la ciudad tras el terremoto. De aquí, llegarás a la estación de trenes del Rossio. Su llamativa fachada neomanuelina se completó en 1887 e incluye una de las primeras bóvedas de hierro de Portugal.

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La estación del Rossio comunica Lisboa con Sintra. Se cuenta que su fachada de dos puertas en forma de herradura hace referencia a los masones y que simbolizan la buena suerte

El trazado en damero es el tipo de planeamiento urbanístico que se organiza mediante el diseño de sus calles en ángulo recto: Manzanas uniformes lo que permitía mayor iluminación y ventilación, rectángulos de calles paralelas y transversales al río que se repiten desde las orillas del Tajo hasta la Plaza de la Figueira, recibiendo sus calles el nombre de los oficios y comerciantes establecidas en ellas como las calles Ouro y Prata, los tejidos en Rua dos Fanqueiros y los trabajos en cuero en Rua dos Correeiros

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La Rua da Conceição con sus centenarias mercerías: Bijou, Nardo y Adriano Coelho

Este fue el lugar elegido para el establecimiento de los principales bancos que gestionaban el oro y piedras preciosas, que junto con la pimienta, la caña de azúcar, el tabaco y el palo santo fluían del floreciente imperio portugués, África y la India, convirtiendo todo ello a la Baixa en el barrio más animado y cosmopolita de la ciudad.

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Su paso por colegios ingleses le permitió a Fernando Pessoa ejercer como traductor de correspondencia comercial en una oficina en la R Douradores 190 semiesquina con R Santa Justa. En el 4º tenía una habitación en alquiler.
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Baixa House, un edificio de 13 apartamentos turísticos en plena Baixa. Su magnifica recuperación y puesta en valor del patrimonio portugués le ha valido el Premio Vilalba (Fundación Calouste Gulbenkian)

Un poco más adelante está la popular plaza del Rossio (su nombre oficial es el de plaza de Dom Pedro IV), donde puedes tomar fuerzas en el famoso «Café Nicola», punto de encuentro de intelectuales y escritores portugueses.

Su interior en estilo art-decó recrea la elegancia de la época. El Rossio ha sido durante siglos el centro neurálgico de la ciudad. Aquí se han celebrado autos de fe, corridas de toro y desfiles.

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Café Nicola se caracteriza por la utilización de las formas geométricas y el uso del metal cromado y cristal

Y aquí van 5 cosas que ver por este barrio.

1 El café más antiguo de Lisboa


El “Martinho de Arcada” nació en 1782 como tienda de venta de bebidas y hielo al disponer de un pozo de hielo. Fue adquirido en 1829 por Martinho Rodrigues, de ahí su nombre. Su historia, de más de 240 años, está ligada a las artes y literatura portuguesa. Fue uno de los refugios favoritos de Fernando Pessoa, que conserva la mesa en la que el poeta escribió «Mensagem». Otro escritor que se inspiró aquí fue el Premio Nobel de 1998, José Saramago.

Aquí podrás degustar de un amplio menú de comida portuguesa como sus pasteles de bacalao (“pastéis de bacalhau”), verduras rebozadas (“peixinhos da horta”), mejillones y almejas “Bulhão Pato”, arroz con pato, “bacalhau à lagareiro” y el famoso «Bife à Martinho» (Plaça do Comércio, 3).

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Cafezinho con Pastéis de Nata, un clásico. Están de lujo!

2 Ginja, el chupito preferido de los portugueses

«¿Con o sin?» te pregunta el empleado de Ginjinha Espinheira, un pequeño local inaugurado por un gallego en 1840. Lo que te pregunta es si tomarás tu ginjinha con o sin ginjas (cerezas que se usan para hacer este licor). Los demás ingredientes son aguardiente, agua, azúcar y canela, y se cuenta que la receta la inventó un monje. Frente a Ginja Espinheira (Largo de São Domingos, 8), su competencia Ginjinha Sem Rival (Rua das Portas de Santo Antão, 7) inaugurado el mismo año, es otra buena opción. Lo mejor que puedes hacer es probar ambos y decidir cuál es el mejor.

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La ginja, un licor dulce de cerezas elaborado a partir de aguardiente

3 Ervanaria Rosil, llegas hipnotizado por el olor de sus flores

Este herbolario de toda la vida abrió sus puertas en 1950 y se ha mantenido igual desde entonces. Destacan sus vitrinas y cajones de madera donde guardan hierbas, semillas y plantas medicinales. En Rosil puedes encontrar hierbas sueltas o mezclas ya preparadas. Sus tés milagrosos para dolencias especificas son muy populares.

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Botes y frascos inundan esta tienda con historia

El té No. 1 es bueno para el hígado, el 4 para el reumatismo, el 6 como digestivo (y el más demandado), y el 25 para el estreñimiento. Sus formulaciones datan del año de su fundación y se han mantenido fieles a ellas durante décadas.

Y si buscas caléndula, espliego o romero para hacer jabones y cosmética naturales; este lugar es como una caja de pandora, hay de todo. (Rua Madalena, 210)

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La caléndula, una flor con infinidad de propiedades para hacer jabón artesanal

4 Volver a ser un niño


El Hospital de Muñecas lleva desde 1830 curando muñecas, soldaditos y peluches deteriorados o rotos. Aquí los juguetes cobran vida; son reparados por manos prodigiosas que encuentran en este oficio ya casi perdido, una manera de traer felicidad a los niños. Poner pelo, restaurar ojos, arreglar piernas o poner brazos que faltan, lo mismo que rehacer un trajecito o unos zapatos para la «Ariadne Novo» o «la Nancy» de turno. El Hospital también tiene una colección de juguetes que te hace viajar en el tiempo, y es imposible no sentir nostalgia de los que tuvimos nosotros. (Praça da Figueira, 7)

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La mayoría de las muñecas y juguetes deteriorados o rotos tienen arreglo en este hospital ©Isabel Suarez

5 Viajar al pasado para conocer el Portugal actual


Detrás de la Casa de la Opera y en un barrio cuajado de bares y restaurantes, se encuentra esta pequeña joya escondida de todas las atracciones turísticas de la capital. Se trata del «Museo de la Sociedad de Geografía» también llamado Museo Colonial (1875) que ofrece al visitante una muy interesante colección etnográfica de arte africano y objetos asiáticos como pinturas, textiles, cerámicas chinas, pequeña maquinaria y utensilios científicos, utilizados por los exploradores y otros objetos de traídos de las antiguas colonias portuguesas.

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En plena expansión colonizadora, los dos globos terrestre y celeste del cartógrafo franciscano Coronelli durante el reinado del rey D. João V, que muestran la tierra y el cielo tal y como eran conocidos en 1693
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