Una ciudad nueva tras el terremoto
La Baixa Pombalina de Lisboa (la ciudad baja) es el corazón de la ciudad, entre Alfama y el Barrio Alto. Este barrio fue reedificado tras el terremoto de 1755, que causó más de 40.000 muertes y destruyó miles de edificios.
Lisboa fue reconstruida con criterios de racionalidad según el espíritu ilustrado del Marqués de Pombal, Primer Ministro del Reino y antiguo diplomático con gran conocimiento de la economía europea.

Se reconstruyó Lisboa de arriba a abajo
Se demolieron los edificios afectados para evitar derrumbes, y para la reconstrucción se tomaron una serie de medidas en previsión de posibles terremotos. Las casas se limitaron a tres plantas, y se dispuso un sistema de estructuras prefabricadas, elásticas y resistentes en forma de jaula, llamada la «gaiola».
Las vigas de madera se importaron de Brasil y los clavos de Holanda. Los edificios se levantaron sobre piedra para dar mayor consistencia a los cimientos arenosos, y garantizar posibles desplomes en caso de futuros seísmos.
El diseño de las fachadas fue muy uniforme, con ventanas de guillotina inglesa (una licencia tras su paso como embajador en el Reino Unido en la corte del rey Jorge II), con módulos del mismo tamaño, y recubrimiento de azulejos. Todo un enfoque moderno de planificación urbana que fue admirado en toda Europa.

Urbanismo racionalista por la Baixa
Los arquitectos Santos y Mardel trazaron el plano de la nueva “Praça do Comerço”. Se creó sobre el antiguo Terreiro do Paço, terreno que antiguamente había ocupado el Palacio Real («Paço da Ribeira”) que resultó destruido por el seísmo. Tanto Mardel como el marqués de Pombal, masones y dados a lo esotérico, desarrollaron un diseño inspirado en sus creencias.
La nueva plaza, un cuadrilátero abierto al estuario del Tajo, flanqueada por inmuebles porticados destinados a complejo administrativo, contó con unos soportales de 78 arcos. Son 78 las cartas del Tarot, con la cabeza del delfín sobre cada arcada, considerado un símbolo de la piedra filosofal.

Aquí se creó un centro representativo del poder comercial y civil del imperio portugués. Se ubicaron las sedes de las instituciones más importantes (Ministerios, Correos, Aduanas, etc.), que tuvo gran impacto, tanto por su diseño como por la escala empleada. Una estatua ecuestre del rey José I pone la guinda en el centro.

El Arco del Triunfo, en el norte de la Plaza del Comercio, fue diseñado para celebrar la recuperación de la ciudad tras el terremoto. Inmenso y fastuoso con esculturas que representan la gloria, el genio y el valor. Entre sus arcos aparecen personajes históricos como Viriato, Vasco de Gama, Nuno Álvares Pereira y el Marqués de Pombal, como creador del proyecto.
Y aquí comienza la Rua Augusta, una de las principales zonas comerciales de la ciudad con infinidad de confiterías, tiendas, vinotecas, restaurantes y terrazas.

Su trazado hipodámico
Caminando por la animada Rua Augusta, no olvides buscar otra referencia masónica como el águila flamígera, en la esquina con la Rua de São Nicolau. Se encuentra sobre la pastelería «São Nicolau», y es el símbolo del Ave Fénix que renace de las cenizas. Representa el renacimiento de la ciudad tras el terremoto.

Calles con nombre de los oficios tradicionales
El trazado hipodámico permite que las manzanas sean uniformes, tengan una mayor iluminación y ventilación. Sus rectángulos de calles paralelas y transversales al río, se repiten desde las orillas del Tajo hasta la Plaza de la Figueira.
Además, sus calles recibieron el nombre de los comerciantes establecidas en ellas. Las calles Ouro y Prata por los orfebres, los tejidos en Rúa dos Fanqueiros y los trabajos en cuero en Rúa dos Correeiros

Por su proximidad con el puerto, fue el lugar elegido de los principales bancos que gestionaban el oro y piedras preciosas. Junto con la pimienta, la caña de azúcar, el tabaco y el palo santo eran las principales mercancías que fluían del floreciente imperio portugués. Todo ello convirtió a la Baixa en el barrio más animado y cosmopolita de Lisboa.

Si buscar alojamiento te recomiendo esta zona de Lisboa, situado en pleno centro histórico. Vayas en la dirección que vayas llegas andando cómodamente desde aquí. En pocos minutos tienes a tu alcance Chiado, Barrio Alto, y Alfama.

Obras de ingenieria en la Baixa
Paseando por la Rua Ouro te toparás con una obra de ingeniería. Se trata del Elevador de Sta. Justa, una creación de Raoul Mesnier discípulo del mismísimo Eiffel.

El funicular se hizo para unir la Baixa con el Barrio Alto. Inaugurado en 1902, su estructura de hierro con figuras neogóticas fue verdaderamente innovador para la época.
De igual forma, la estación ferroviaria del Rossio que conecta Lisboa con Sintra contribuyó a la modernización de la ciudad. Creada en 1890, su función era conectar Lisboa con la señorial Sintra, refugio veraniego de la clases acomodadas. Su llamativa fachada neogótico manuelino con dos enormes herraduras en la entrada se completó en 1890. Cuenta con una de las primeras bóvedas de hierro de Portugal.

El Rossio, lugar para celebración de eventos
Un poco más adelante está la popular plaza del Rossio (su nombre oficial es el de plaza de Dom Pedro IV), en el famoso «Café Nicola», punto de encuentro de intelectuales y escritores portugueses.

Su magnífico interior en estilo art-decó recrea la elegancia de la época. El Rossio ha sido durante siglos el centro neurálgico de la ciudad. Aquí se han celebrado autos de fe, corridas de toro y desfiles.

Y aquí van 5 cosas que ver por este barrio.
1 El café más antiguo de Lisboa
El “Martinho de Arcada” nació en 1782 como tienda de venta de bebidas y hielo al disponer de un pozo de hielo. Fue adquirido en 1829 por Martinho Rodrigues, de ahí su nombre. Su historia, de más de 240 años, está ligada a las artes y literatura portuguesa. Fue uno de los refugios favoritos de Fernando Pessoa, que conserva la mesa en la que el poeta escribió «Mensagem». Otro escritor que se inspiró aquí fue el Premio Nobel de 1998, José Saramago.
Aquí podrás degustar de un amplio menú de comida portuguesa como sus pasteles de bacalao (“pastéis de bacalhau”), verduras rebozadas (“peixinhos da horta”), mejillones y almejas “Bulhão Pato”, arroz con pato, “bacalhau à lagareiro” y el famoso «Bife à Martinho» (Plaça do Comércio, 3).

2 Ginja, el chupito preferido de los portugueses
«¿Con o sin?» te pregunta el empleado de Ginjinha Espinheira, un pequeño local inaugurado por un gallego en 1840. Lo que te pregunta es si tomarás tu ginjinha con o sin ginjas (cerezas que se usan para hacer este licor). Los demás ingredientes son aguardiente, agua, azúcar y canela, y se cuenta que la receta la inventó un monje. Frente a Ginja Espinheira (Largo de São Domingos, 8), su competencia Ginjinha Sem Rival (Rua das Portas de Santo Antão, 7) inaugurado el mismo año, es otra buena opción. Lo mejor que puedes hacer es probar ambos y decidir cuál es el mejor.

3 Ervanaria Rosil, llegas hipnotizado por el olor de sus flores
Este herbolario («ervanaria») de toda la vida abrió sus puertas en 1950 y se ha mantenido igual desde entonces. Destacan sus vitrinas y cajones de madera donde guardan hierbas, semillas y plantas medicinales. En Rosil puedes encontrar hierbas sueltas o mezclas ya preparadas. Sus tés milagrosos para dolencias especificas son muy populares.

El té No. 1 es bueno para el hígado, el 4 para el reumatismo, el 6 como digestivo (y el más demandado), y el 25 para el estreñimiento. Sus formulaciones datan del año de su fundación y se han mantenido fieles a ellas durante décadas.
Y si buscas caléndula, espliego o romero para hacer jabones y cosmética naturales; este lugar es como una caja de pandora, hay de todo. (Rua Madalena, 210)

4 Volver a ser un niño
El Hospital de Muñecas de la Baixa lleva desde 1830 curando muñecas, soldaditos y peluches deteriorados o rotos. Aquí los juguetes cobran vida; son reparados por manos prodigiosas que encuentran en este oficio ya casi perdido, una manera de traer felicidad a los niños. Poner pelo, restaurar ojos, arreglar piernas o poner brazos que faltan, lo mismo que rehacer un trajecito o unos zapatos para la «Ariadne Novo» o «la Nancy» de turno. El Hospital también tiene una colección de juguetes que te hace viajar en el tiempo, y es imposible no sentir nostalgia de los que tuvimos nosotros. (Praça da Figueira, 7)

5 Viajar al pasado para conocer el Portugal actual
Detrás de la Casa de la Opera y en un barrio cuajado de bares y restaurantes, se encuentra esta pequeña joya escondida de todas las atracciones turísticas de la capital. Se trata del «Museo de la Sociedad de Geografía» también llamado Museo Colonial (1875) que ofrece al visitante una muy interesante colección etnográfica de arte africano y objetos asiáticos como pinturas, textiles, cerámicas chinas, pequeña maquinaria y utensilios científicos, utilizados por los exploradores y otros objetos de traídos de las antiguas colonias portuguesas.

