Oficios en peligro de extinción en mi querida Lisboa

Cesteros, carreteros, modistas …  son algunos de esos oficios de ayer, y hoy minoritarios, que milagrosamente aún se mantienen en pie. No choca si los ves en poblaciones pequeñas o en entornos rurales.

Pero sí sorprende gratamente encontrártelos por la calle de grandes metrópolis como Lisboa, elegida en 2017 el mejor destino mundial como City Break (escapada urbana de corta duración), donde su singular belleza, con los barrios de Alfama y Barrio Alto, junto con joyas arquitectónicas como el Monasterio de los Jerónimos en Belén, y su excelente oferta le mereció el primer premio, haciendo de esta ciudad un lugar muy atractivo para cualquier turista. Lisboa conjuga muy bien cosmopolitismo y tradición.

Empezamos con los «Calceteiros»

Una pequeña brigada recorre las calzadas lisboetas, y arrodillados en el suelo, con un martillo en mano y mucha habilidad, transforman un pedazo de piedra a base de golpecitos, en un cuadrado o hexágono que encaja maravillosamente bien en el suelo. Estos artistas son los «calceteiros», un oficio que tiene dos siglos de antigüedad y que tiene como fin construir el precioso mosaico que cubre las aceras ornamentales.

Homenaje a los "Calceteiros" en la Plaza Restauradores
Homenaje a los «Calceteiros» en la Plaza Restauradores

Sus orígenes se remontan a 1842 cuando el Teniente General Eusebio Pinheiro Furtado, responsable máximo del castillo de San Jorge en lo alto de Alfama, inspirándose en las técnicas romanas y árabes, pidió que se pavimentase parte del castillo (entonces cuartel). El trabajo fue encargado a los reclusos (entonces llamados «grilhetes«) quienes realizaron el primer pavimento decorado en zigzag a base de piedra caliza y basalto.

Aunque al principio provocó cierta hilaridad, rápidamente fue calando y acabó extendiéndose no sólo por las principales calles y plazas del Rossio y la Baixa, sino que también invadió las entradas, patios y jardines de palacetes, monasterios y edificios públicos.

  • Las ondas blanquinegras del adoquinado de la plaza del Rossio, Lisboa

Nos movemos por la plazas del Rossio y Figueira

Alrededor de estas plazas se condensa un mundillo de comercio informal, vendedores ambulantes, deambulantes, y otros servicios callejeros, que se apropian de este espacio para cuestiones de mercadeo, y  que le dan un aire pintoresco y familiar.

El plastificado es el mejor método para proteger carnets, fotografías o cualquier otro tipo de documento, de roturas, manchas u otros daños. Y así, unos hombrecines apostados en la Rúa de Amparo, se instalan todos los días con unas mesitas abatibles y un plastificador manual.    

El sector de la economía informal se da cita por el Rossio

Desde Restauradores, Rossio, Baixa e inmediaciones hasta Terreiro do Paço (plaza del Comercio) cada limpiabotas suele tener un puesto fijo en la calle por el que pagan una licencia al Ayuntamiento, y una clientela habitual que normalmente mantienen desde hace años y que suele pagar unos 3€ porque les limpien sus zapatos.

Antiguamente era un ritual, ir al limpiabotas y llevar unos zapatos lustrosos y brillantes que con un buen perno, daba una imagen de dandy. Sin embargo los limpiabotas «engraxadores» ya no tienen la cola que tenían entonces. Los tiempos van cambiando, y poco a poco van siendo sustituidos por las esponjas abrillantadoras del «Carrefour» o las máquinas limpiadoras automáticas que vemos en algunos hoteles, sin contar con las zapatillas deportivas que se han convertido en habitual, y que no necesita ni admite lustre.  

Si el cliente es conocido o muestra disposición, es posible que se entable alguna conversación, sino se aisla tras un periódico

Pero el paisaje de estos oficios tradicionales en vías de extinción no estaría completo sin la figura del castañero. Los castañeros que como los «limpia» tienen su puesto fijo en la calle. Con la llegada de los primeros fríos y hasta el mes de marzo, puedes escuchar «Castanhas quentinhas e boas” (castañas calentitas y ricas). Suelen montar sus carritos adaptados en las zonas más transitadas y populares de Lisboa, como Chiado, Baixa o Rossio. Si ves una humareda blanquecina es señal inequívoca de que el pequeño remolque no anda muy lejos, asando las castañas con la sal que les da sabor y las envuelve con el característico polvillo blanco que encontramos también en Andalucía.

Este capricho no te saldrá caro. A solo 2,50€ la docena

Para terminar con los Tuk-Tuk

Junto con los oficios de toda la vida, emergen otros profesionales de oficios del siglo XXI, como los conductores de «Tuk-Tuk», un motocarro de 3 o 5 ruedas,  de puertas abiertas con toldo que son la versión europea más común de los vietnamitas o camboyanos.

Es un nuevo e ingenioso tipo de vehículo para conocer la ciudad, pero cuyo conductor debe ser  a la vez un guía turístico. Una variante nueva que veremos lo que dura, porque para esto hay que conocerse muy bien la historia de la ciudad de Lisboa, desvelar sus más íntimos secretos  y sus curiosidades … y todo por unos 70 euros la hora! Eso sí, los días de frío te plantan una manta de forro polar para que te tapes mientras escalas por el barrio de Alfama.

Tuk Tuk bajando por el Miradouro das Portas do Sol_Lisboa
Tuk Tuk bajando por el Miradouro das Portas do Sol